30 November, 2008

El mismísimo fraude


Estimo desde el tiempo en que no lo conocía y el que es hoy que se resume a un vago recuerdo; desde temprano era notable su elegancia infantil con su traje color beige y sus zapatos color marrón, gustos que persisten con el paso de sus años al parecer.
Puedo sentir aún entre sus marcas la inocencia desparramada, espiando los recuerdos ajenos, deseo robar descaradamente su fotografía para no olvidarme nunca de aquél que dejé pasar o decirle con vergüenza que me había enamorado, como si fuera una niña fotográfica.
Siento su gesto suave, permanente. Recuerdo el lunar cercano a su ojo izquierdo. La mirada fría e impenetrable, sus cabellos ondulados ocultos bajo aquella galera de color negro como la noche en que me vio bailar aquella música indescriptible. Todo parece cerrar cuando desde niño su madre enseñó lucir sus medias blancas en cualquier circunstancia, todo parece cerrar menos la historia que me cuento a mí.
¿Cómo impedir el relato continúe sin los sucesos reales? Caballero de alta montaña, venid con tu capa negra a buscarme. Son tus lóbulos soberbios aquellos que me llenan de angustia, quisiera vuelvas a mirarme detrás de la forma encantada de tus ojos, los que se abrían de par en par para comerme mejor.

1 comment:

Intrínseco said...

El otro día estaba viendo tele, a punto de apagarla, y me topé con Annie Hall. Desde el principio me enganchó e inmediatamente no pude dejar de mirarla. El final muy lindo y sincero. Sería buenísimo que todo concluyera de esa forma.